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EL NACIMIENTO DE LA BOTELLA
EL INVENTOR
La relación definitiva del vino y el vidrio
se consolida en 1662 cuando Sir Kene Digby, cortesano
británico, fabrica la primera botella tubular
de hombros caídos y cuello largo, de forma
cilíndrica para permitir su almacenamiento
horizontal, con un anillo en su extremo superior
para ajustar con cuerda el tapón de madera
ya que debido a su falta de elasticidad podría
salirse de la boca.
Este fue el origen de la botella tal y como la conocemos,
bautizada entonces por los holandeses como “botella
a la manera inglesa” y bordelaise por los
franceses que la adoptaron para exportar sus claretes
a partir de 1707.
LAS PRIMERAS BOTELLAS
Nacieron ya con ese color verde oliva, casi traslúcido,
por mero accidente (el humo que despedía
el carbón de turba utilizado en los hornos
confería al vidrio ese color oscuro que,
más tarde, se comprobó beneficiaba
al vino preservándolo de la luz).
LOS PRIMEROS TAPONES
Se empleaban, al principio, tapones de cristal que
se ajustaban a la boca de la botella con polvo de
esmerilar y aceite. El tapón quedaba fijado
al gollete por una cuerda (la silueta del gollete
de las botellas actuales tiene ese origen) y esto
obligaba a que cada botella tuviese su propio tapón,
encareciendo y complicando el procedimiento de sellado.
A continuación llegaron los tapones de madera
más flexibles que los de cristal.
LA LLEGADA DEL CORCHO
Cuando, finalmente, el tapón de madera fue
sustituido por el de corcho, se consiguió
un envase que aseguraba la conservación del
vino sin perder sus principales características.
Sin embargo, el vino, como ser vivo que es, no permanecía
totalmente inalterable dentro de la botella.

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